5 de agosto de 2011

La ciudad que nunca duerme...en verano.



Entre clase y clase en la UQÀM (Université du Québec à Montréal), donde estoy estudiando francés, sigo explorando esta ciudad y este pequeño país (o provincia) "petit à petit", y aquí van unas segundas impresiones de Montréal:

Los coches sólo llevan matrícula detrás, no delante, y en ella se puede leer uno de los lemas famosos de los quebequenses "Je me souviens", el cual hace referencia al deber de acordarse de dónde vienen sus orígenes, de reivindicarse como diferentes dentro del gran Canadá, o de un simple elemento de cohesión cultural.

Por otro lado, esta ciudad nunca duerme...en verano. No puedo imaginar cómo debe ser en invierno, pero dicen que con 4 metros de nieve durante meses los habitantes de esta ciudad pasan bastante tiempo bajo tierra (conocido como RESO), en las galerias que unen al Metro con los centros comerciales, salas de cine, tiendas y supermercados para que no tengas que salir a la calle si no quieres. Sin embargo en verano, la ciudad se llena de vida y de Festivales, sólo en un mes hay 11! En una semana y media he podido ver de cerca el Festival de Música Africana, de Fuegos Artificiales, "Just pour Rire", de barcos con forma de dragón, de Moda y Diseño, de músicas autótonas, de danza contemporánea, de música y arte alternativo... sin contar con el famoso Festival de Jazz, de Cine, y los festejos del Orgullo Gay (o "Fierté" como le llaman aquí). Además de las casi permanentes funciones que ofrece Le Cirque du Soleil en el Puerto de la ciudad, donde el creador Guy Laliberté empezó su negocio haciendo malabares en la calle. Todo ello, sumado a los cientos de bares y restaurantes que ofrece esta ciudad hacen que el viajero sufra de "ansiedad" si quiere aprovechar todo lo que pasa aquí durante los meses de verano.

Plato típico: "Poutine", hecho a base de patatas fritas, salsa de carne y trozos de chedar. Un manjar lleno de calorías para sobrevivir al frío invierno, pero duro de digerir en verano. Postre típico: "sirope de arce" (o sirope d'érable). Está hecho a base de jugo extraído de la hoja de arce, la que aparece en la bandera de Canadá, y lo trabajan hasta convertirlo en un dulce similar a la miel que utilizan para todos los postres.

Pero hay otro Montréal mucho más duro y triste, en el que viven los "sin techo" o SDF (Sans Domicile Fixe). Choca ver la cantidad de gente sin techo que duerme y malvive por las calles de la ciudad, la mayoría de veces ni tan siquiera piden dinero, sólo están ahí. Muchos de ellos provienen de las reservas de indígenas que hay por todo Canadá (las cuales merecen un post aparte), pues acostumbran a ser comunidades sin ningún modus vivendi, que dependen de las ayudas del Estado y que demasiado a menudo caen en el alcholismo o en la drogadicción. Es la cara menos amable de este país, que como todos, tiene todavía ciertos retos para mejorar la calidad de vida de sus gentes, independientemente del color de piel o la lengua que hablen.

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